JULIA R. PACHECO REBAZA, La Primera Poetisa de La Región La Libertad

Escribe: Blasco Bazán Vera

Descubrir los valores literarios de nuestra Región La Libertad, es el premio al esfuerzo que concluye con una honda satisfacción. Ahora que he descubierto a la Primera Poetisa Liberteña, la doy ha conocer complementando lo divulgado en mi último libro titulado: “Génesis de la Literatura Liberteña”.
Julia Pacheco Rebaza, nació en Trujillo el año de 1866. Fueron sus padres el Juez don Santiago Pacheco natural de Huamachuco y la trujillana Rosario Rebaza Demóstenes de Pacheco. Según la partida Nº 507 registrada en la iglesia “El Sagrario” (San Francisco) de Trujillo, Julia, el 13 de diciembre de 1888, contrajo matrimonio a los 22 años de edad en la catedral de Trujillo, con Isaac Rebaza Bringas, natural de Huamachuco, de 32 años de edad y de profesión mecánico. El matrimonio estuvo a cargo del cura interino Mariano Velásquez.
Los padres de Julia Pacheco Rebaza, fueron de cómoda posición económica. Su madre, doña Rosario, fue hija del escritor Nicolás Rebaza Cueto, y su padre, el Dr. Santiago Pacheco fue dueño de la hacienda Siquián, Juez de primera instancia desde el año 1865 nombrado por el general Antonio Pezet. Siete años los pasó impartiendo justicia en Huamachuco y los restantes, hasta su muerte acaecida el 16 de noviembre de 1892, en Trujillo. Fueron sus hermanas: Clara Elvira, Ana María, Maria Luisa, María Celia y Rosario Magdalena”.
Julia R. Pacheco Rebaza, comenzó a publicar sus primeras poesías en el quincenario literario “La Primavera” fundado en Trujillo el 01 de Enero de 1887 por Raúl Edmundo Haya de Cárdenas y Celso Santelices Márquez.
El 15 de febrero de 1888, “La Primavera” dice lo siguiente: “La Sra. Julia R. P. de Acosta, consagrada al estudio desde sus tiernos años, se ha hecho notar por sus rápidos progresos, conquistando el más efusivo aplauso, de cuantos se han honrado de ser sus maestros. No ha podido resistir al provechoso impulso que va tomando la Literatura en nuestro país y poniendo en juego sus relevantes dotes, perfeccionadas con las saludables ideas, adquiridas en el seno de su familia, cuya ilustración y talento son de todos conocidos, cediendo a nuestras incansables exigencias, nos ha favorecido con su frecuente colaboración, hace dos años, brillando en todas sus producciones los destellos de su exquisita ternura. Tiene pues la Señora de Acosta, muchos motivos de consideración de parte de “La Primavera”. Que los puros goces del matrimonio, que hacen tres meses forman su más preciada dicha, no debiliten su entusiasta vocación a las letras, son los vehementes deseos que abrigamos”.
A la edad de 21 años, por motivo de salud y acompañada de su padre, partió hacia Huamachuco; hecho que le causó un profundo dolor como ella misma escribe: “Yo, extenuada por el insomnio, que por la enfermedad que me aqueja, y más aún por la inmensa amargura que atormentaba mi espíritu, inclinaba con desaliento mi fatigada cabeza, en los almohadones esperando el instante fatal en que abandonando el lecho, debía de dar a mi madre y a mis hermanas el último abrazo!.
Sus pesares encontraron refugio en las manos de Dios. Lloró y lamentó sus penas con la misma entereza que enfrentó la vida. Su viaje que duró 6 días hacia Huamachuco le hizo pensar en las complacencias que jamás habría de gozar y en sus ilusiones perdidas, según ella, para siempre.
Aquel viaje obligado, le hicieron percatarse lo bello que era la luz de la luna, las luciérnagas, las flores, los cerros misteriosos, los parientes y los amigos. Las nuevas miradas, las manifestaciones de aprecio, el generoso abrazo, el nuevo cuidado otorgado por su tía Carolina Vásquez de Rebaza, segunda esposa del historiador Nicolás Rebaza Cueto quien la atendió como si fuera su hija. Todo ello se le gravó en la mente como incentivo para sobreponerse a su tristeza y matar sus penas escribiendo poesías dignas de asombro.
Julia Pacheco, fue una persona que supo cultivar el valor de la gratitud. Después de largos meses de estadía obligada en Huamachuco, regresó a Trujillo repuesta su salud y, para confortar más ésta, se trasladó a radicar al balneario de Huanchaco desde donde siguió escribiendo poesía.
Julia R. Pacheco Rebaza de Acosta, comenzó a colaborar con sus poemas en la edición Nº 11 de “La Primavera” del 15 de febrero de 1888 escribiendo los titulados “A Mi Madre”, “Soñando”, “ A Ti” y “Mi Violeta”. En esa misma fecha hizo su aparición la otra poetisa trujillana María Tránsito Muga y Reyna; y es importante este momento, porque el comentarista Beli Bet, personaje responsable de la columna “Sucesos y Comentarios”, dice: “ ¿Habéis sentido amables lectores las dulces emociones que se experimentan cuando, después de una larga ausencia, se vuelve al seno de la familia y de los amigos
En este ejemplar Nº 11, se dio a conocer, por primera vez, que tras el nombre de “La Primavera”, hay un grupo de jóvenes brillantes y entusiastas llenos de amor a lo bello que se engrandece mucho más con “dos adalides que por su sexo y tierno corazón reúnen en sí solas más poder que el que todos juntos podemos presentar en el campo de las letras. Se refería a Julia R. Pacheco Rebaza y María Tránsito Muga Reyna; y el comentarista se regocija al escribir: ¡“La Primavera” tendrá verdadera poesía!
A Julia R. Pacheco Rebaza de Acosta, la designamos como las Primera Poetisa en la historia de la Literatura de la Región La libertad. Su inspiración, han permanecido escondidas 116 años.
Los pueblos que ella visitó durante los penosos meses en que fue a curarse, nos hacen comprender que mitigó sus aspiraciones, dolencias y frustraciones teniendo a la poesía como el refugió seguro de sanación. Cuánto afecto desparramó esta mujer que supo enfrentar su destino inexorable. Desde los pueblos Cerpaquino, El Edén, El Ingenio de Chichir, de Huamachuco, lugares tan distantes de Trujillo, Julia, remitió incansablemente su producción literaria que nos fascina por la profunda sensibilidad de su contenido.
Cerpaquino, en aquellos tiempos, fue hacienda perteneciente a los hijos de don Juan Rondo, en la que se sembraba eucalipto, trigo, papa y maíz; al Ingenio de Chichir, que quedaba en el distrito de Sarín, se le usaba para moler metales y, El Edén, es un lugar rodeado de aguas ferruginosas medicinales ubicado en el distrito de Curgos, a 17 Km. De Huamachuco.
Sus poemas son netos sentimientos que traducen los tensos momentos vividos por Julia. Cada uno de ellos nos introduce en un mundo de pureza y de inocencia. La belleza en su redacción está presente y muy intensa porque cada verso es arrancado de lo más hondo de su vivencia personal. Esta característica los eleva a ser poemas inmortales porque nos embadurnan de nostalgia santa. Cuanta devoción. Cuanta ingenuidad, desparramó esta mujer que ahora la rescatamos para señalarla como la Primera Poetisa de nuestra Región La Libertad.
El desgarrado dolor, el amor a sus seres queridos: Padres, hermanos. A sus demás familiares. Al presunto hombre que juró amarla y la olvidó. El afecto a los pueblos que la cobijaron, están como episodios pétreos que no han desparecido para ser fieles testigos de lo que ella conquistó y comprendió. Supo amar y protestar contra el mal que le aquejaba y hasta simuló morir.

Alguien le llamó la atención diciéndole que sus versos carecían de dulzura por la melancolía que mostraban; sin embargo, nuestra vate, replicó pulcramente esta observación, esgrimiendo sentimientos convincentes del por qué empleaba esa forma de escribir.
Julia, dejó de publicar poemas desde agosto de 1888 para reaparecer en febrero de 1889, pero esta vez, firmando con su apellido de casada, es decir: Julia R. Pacheco Rebaza de Acosta. En uno de tiende a explicar, presumiblemente, el enojo de sus padres, por el hecho de haber contraído matrimonio con el hombre no deseado y eso lo podemos observar en su poema titulado “La Huérfana”. Sin embargo, amorosa y cándida como era, buscó una definición del Amor, lanzando un reflexivo Soneto que nos sublima en extremo por la preciosidad y candor con que ha sido concebido.
Su último poema, titulado “La Pastora”, nos hace estar frente a una mujer temerosa del porvenir pero recia en sus pasiones. La veta poética aflora macizamente al sentir que sus penas se dilatan por la presencia del ser que añora a quien le invita a vivir sin deslumbramientos pero sí de señera modestia, ofreciéndole morar en una mansión honrada donde no falte la presencia de Dios. Esta es la vida de la Primera Poetisa que tiene nuestra Región La Libertad.

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